La Costa Árida-Semiárida del Pacífico Sudamericano 

 

La costa árida-semiárida del Pacífico sudamericano se extiende aproximadamente 4.000 km desde la provincia de Manabí en Ecuador, por toda la costa de Perú, hasta la región del Maule en Chile. Coincide con la extensión del Gran Ecosistema Marino de la Corriente de Humboldt −una de las principales zonas de afloramiento costero del planeta− que proporciona alta diversidad y productividad biológica marina a esta región (Daneri et al., 2000; Thiel et al., 2007), y que se ha reconocido como un área sensible frente al cambio climático antropogénico (Echevin et al., 2012). 

Condiciones ecológicas y oceanográficas similares ocurren a lo largo de las costas suroccidentales de África y Australia y, en el hemisferio norte, en las costas de California y noroeste de África. En todas estas regiones predomina la influencia de corrientes frías oceánicas sobre el clima, dando lugar a la formación de desiertos costeros.

En el norte de la costa árida se encuentra la región de los bosques secos tropicales ecuatorial – tumbesino, que rodean los manglares del Golfo de Guayaquil. Desde allí, al sur del Valle del Río Piura en el norte del Perú, se extiende la gran región de desiertos costeros y matorrales xerófilos a lo largo de la costa de Perú y del norte de Chile, en cuyo centro se encuentra el Desierto de Atacama. Gracias a la formación de garuas y su precipitación sobre aisladas cumbres costeras en esta región, se forman pequeños oasis de neblina, denominados “lomas de Tillandsia”, sitios de gran unicidad. A la altura del Valle del Elqui en Chile, el paisaje se transforma a una región mediterránea con vegetación nativa de matorral y bosques esclerófilos, la cual se extiende hasta la zona Centro Sur de Chile. Los valles fluviales, alimentados principalmente con agua de los Andes, atraviesan el paisaje como venas verdes y constituyen desde siempre el principal sustento de vida para las poblaciones humanas de la región. 

A lo largo de toda esta costa se forma una cadena de humedales, compuesta por lagunas costeras, desembocaduras, estuarios y bahías someras; sitios vitales para diversas especies de aves playeras y acuáticas, tanto residentes como migratorias.

La importancia de estos humedales ha sido documentada por varios autores y ya existen algunas muy buenas iniciativas de conservación, lideradas por comunidades locales, organizaciones ambientales y también por parte de los gobiernos nacionales y locales. Sin embargo, la mayoría de los sitios se están deteriorando y bajo una creciente presión. Hace falta un enfoque integral para la conservación de estos humedales, dirigido a toda la región, coordinado en cooperación entre los gobiernos y diferentes actores de los respectivos países.

 

La Costa Árida-Semiárida del Pacífico Sudamericano 

 

La costa árida-semiárida del Pacífico sudamericano se extiende aproximadamente 4.000 km desde la provincia de Manabí en Ecuador, por toda la costa de Perú, hasta la región del Maule en Chile. Coincide con la extensión del Gran Ecosistema Marino de la Corriente de Humboldt −una de las principales zonas de afloramiento costero del planeta− que proporciona alta diversidad y productividad biológica marina a esta región (Daneri et al., 2000; Thiel et al., 2007), y que se ha reconocido como un área sensible frente al cambio climático antropogénico (Echevin et al., 2012). 

Condiciones ecológicas y oceanográficas similares ocurren a lo largo de las costas suroccidentales de África y Australia y, en el hemisferio norte, en las costas de California y noroeste de África. En todas estas regiones predomina la influencia de corrientes frías oceánicas sobre el clima, dando lugar a la formación de desiertos costeros.

En el norte de la costa árida se encuentra la región de los bosques secos tropicales ecuatorial – tumbesino, que rodean los manglares del Golfo de Guayaquil. Desde allí, al sur del Valle del Río Piura en el norte del Perú, se extiende la gran región de desiertos costeros y matorrales xerófilos a lo largo de la costa de Perú y del norte de Chile, en cuyo centro se encuentra el Desierto de Atacama. Gracias a la formación de garuas y su precipitación sobre aisladas cumbres costeras en esta región, se forman pequeños oasis de neblina, denominados “lomas de Tillandsia”, sitios de gran unicidad. A la altura del Valle del Elqui en Chile, el paisaje se transforma a una región mediterránea con vegetación nativa de matorral y bosques esclerófilos, la cual se extiende hasta la zona Centro Sur de Chile. Los valles fluviales, alimentados principalmente con agua de los Andes, atraviesan el paisaje como venas verdes y constituyen desde siempre el principal sustento de vida para las poblaciones humanas de la región. 

A lo largo de toda esta costa se forma una cadena de humedales, compuesta por lagunas costeras, desembocaduras, estuarios y bahías someras; sitios vitales para diversas especies de aves playeras y acuáticas, tanto residentes como migratorias.

La importancia de estos humedales ha sido documentada por varios autores y ya existen algunas muy buenas iniciativas de conservación, lideradas por comunidades locales, organizaciones ambientales y también por parte de los gobiernos nacionales y locales. Sin embargo, la mayoría de los sitios se están deteriorando y bajo una creciente presión. Hace falta un enfoque integral para la conservación de estos humedales, dirigido a toda la región, coordinado en cooperación entre los gobiernos y diferentes actores de los respectivos países.

 

 

COORDINACIÓN

 

 

organizaciones locales de ejecución

 

 

organizaciones DE APOYO

 

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